Episode Transcript
[00:00:03] Speaker A: Radio Anagrama presenta Tema libre, una conversación sin presentador ni reglas a partir de la idea de pérdida. Alejandra Costamaña y Patricio Pron conversan sobre los horizontes compartidos de sus obras. La ausencia como estela que transforma la prosa y la idea de la literatura como antídoto para la velocidad de los tiempos modernos.
El ejercicio de la escritura se convierte para ambos en un acto simbiótico y orgánico, una planta que crece dentro y que se alimenta de la experiencia.
Hola Alejandra, ¿Cómo estás?
[00:00:42] Speaker B: Hola, Patricio, qué bueno hablar contigo. Estás en Madrid, ¿Verdad?
[00:00:46] Speaker A: Sí. ¿Dónde estás tú ahora?
[00:00:48] Speaker B: Yo en Santiago.
Me imagino que estamos con algunas temperaturas inversas, ¿No?
¿Qué temperatura hace por ahí, ahora a esta hora de la tarde por allá?
[00:00:59] Speaker A: Mucha más de la que debería ser.
El cambio climático, que deberíamos comenzar a llamar ya catástrofe climática, está arrasando totalmente con regiones completas del mundo y supongo que siempre estamos cruzados.
Ahora mismo disfrutaría muchísimo de lo que imagino que es el frío y la humedad de Santiago.
[00:01:19] Speaker B: Sí, aunque no te creas, porque en realidad Santiago hace meses casi que no llueve, así que estamos en la misma sintonía de esta catástrofe climática. Y yo pensaba justamente que en tu último libro hay una grieta y por ella, entre la luz, que es algo que está muy presente, muchas pérdidas, pero también hay en una lista que tú haces, el narrador hace una lista de una serie de pérdidas de los últimos años y una de ellas es justamente la sucesión de las estaciones con la vida que inspiraban.
Y me parece que hay algo muy decidor en esa materia de la pérdida, no solo como aquello que no está, que no está ahí, que desaparece, sino más bien algo que deja una estela y que sigue habitándonos en el presente, justamente porque esa pérdida se transforma, eso ausente se transforma en presente también.
Bueno, no sé, me llamó la atención eso de tu libro, entre mil otras cosas, que me parece un libro extraordinario, porque también encuentro cierta sintonía con mi novela, donde puedo dejarlo en términos de eso de cómo lo ausente vive en lo presente. No sé cómo lo ves tú.
[00:02:39] Speaker A: Lo veo de la misma manera.
Una de las cosas que compartimos tú y yo, además de esta conversación de tantos años, repartida en diferentes sitios, a veces pública, a veces privada, una de esas cosas, te digo, es el hecho de que ambos en nuestros libros estamos pensando en en esas pérdidas, no solamente las pérdidas de lo que fue, sino también de lo que pudo haber sido, que opera o se articula con aquello que fue, para trazar una imagen del pasado que es en última instancia, una imagen del futuro, como sucede siempre en literatura.
Para mí era muy importante, llegado a cierto punto, hablar de de estas pérdidas que arrastramos y de la crisis de imaginación que de alguna manera supone el hecho de que todos nosotros podemos imaginar, somos conscientes de que hemos perdido. No podemos imaginar, sin embargo, que hemos ganado el camino, si es que hemos ganado algo, además de la conciencia de la inminencia, un desastre que se posterga día en día.
Hemos perdido el ciclo de las estaciones, hemos perdido una diversidad, o estamos perdiendo una diversidad de especies que de alguna manera se ve reflejada también la pérdida de la diversidad de ideas acerca del futuro, de formas de concebir el futuro y de imaginarnos en él.
Se nos hace muy difícil imaginar un futuro que sea tolerable y no el futuro que imaginamos que vamos a tener. Pero de alguna manera el pasado conecta con todo ello, ¿Verdad?
¿En Donde puedo dejarlo? Me da la impresión de que resuenan en esta relación entre Mara y Manuela, resuenan de alguna manera los Ania y Agustín del sistema del tacto y también las preguntas en torno a los desplazamientos que son propios de tus personajes. También en Imposible saque de la tierra o en Animales domésticos.
Me preguntaba si ves tu obra como una especie de continuidad, si ves Dónde puedo dejarlo, como una especie de secuela o de continuación por otros medios del sistema de tacto y especialmente En voz baja, que recuerdo como una novela que hablaba de estos temas.
[00:05:12] Speaker B: Es curioso porque sí, yo pienso que cada novela impone una estructura distinta, un registro distinto, una respiración distinta, pero quizás hay algo que permanece que tiene que ver con las pérdidas. Yo creo que eso me puedo dar cuenta recién ahora un poco de eso, de que en distintos grados hay algo que aparece ahí, pero no la pérdida como algo que se queda en ese lugar del vacío, y al mismo tiempo, no el pasado como algo que se queda en el pasado, sino como eso genera una serie de chispas hacia el presente y de chispas que abren, voy a usar tu término, pero una luz que entra por esa grieta.
Creo que ahí hay algo que se mantiene y que también tiene que ver con un vínculo, un vaivén permanente entre la intimidad y la historia. Creo que esas cosas permanecen, pero que cambian al mismo tiempo.
[00:06:08] Speaker A: Sí, sí, eso es bastante evidente, creo yo, en ambos libros, tanto en tu último libro como en el mío y en tus libros está, a mis ojos de lector, especialmente visibles, está especialmente presente.
Se puede escribir acerca de las pérdidas de numerosas maneras, y una de ellas, desde luego, poniendo el énfasis en el desgarramiento y en el dolor que provocan las pérdidas, y en el modo en que nos confrontan con la idea de que no podremos superarlas nunca. Y sin embargo, diría yo que en tus libros, especialmente en donde puedo dejarlo, las pérdidas que enfrenta Mara, que escapa de Chile, Manuela, que se queda allí, y que de alguna manera, digamos, reemplaza a Mara, al menos en sus cumpleaños y de cara a su padre, todas esta forma de narrar la pérdida no es gravosa, oculta una especie de idea que tienes todo el derecho a refutar y que es la idea de que hay mucha ganancia en esas pérdidas, de alguna manera.
[00:07:35] Speaker B: Sí, bueno, claro, yo pensaría, de alguna forma lo vinculo con un par de cosas que decías antes y que también las identifico mucho en tus últimos libros. Y bueno, también estoy pensando desde el espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, que hay una suerte de espacio para la conjetura, lo decíamos antes, para la imaginación. La imaginación que me parece un factor fundamental para precisamente pensar las cosas desde un lugar en el que la catástrofe puede estar presente, pero no se queda solo ahí, sino más bien esa imaginación es la que nos permite proyectar una salida distinta, un futuro. En fin.
Yo uso en el último libro esta figura de la cabra en el altillo, que es esta idea de la imaginación como esa cabra que está en un altillo comiendo sus hierbas, y viene de una historia de Emily Dickinson, que Mari Raffle la cuenta en su libro sobre la imaginación, que es un poco la posibilidad de que esos mundos entren en el universo de lo factible, por el hecho de pensarlos, imaginarlos, ponerle palabras, hacerlos circular de esta forma, como lo que estamos haciendo ahora.
Entonces, yo sí pensaba que también en tus textos lo veo mucho algo que me interesa, que es cómo los distintos tópicos que van apareciendo, el asunto en el que nos fijamos va determinando también una forma, va determinando una estructura, un registro singular.
Y me interesa mucho eso porque en tus libros, por ejemplo, en el reciente, hay un arete, por ahí entra la luz, hay unas ramas, un devaneo, un desvío, una forma que inicialmente la novela iba a ser una especie de biografía de este personaje tan singular, Benjamin Fondant, y cómo termina yéndose por las ramas y usando la nota al pie de página como una poética. Para mí es la impresión de que mientras más nos sumergimos en el pie del pie del pie de página, nos vamos acercando a la latencia de algo que va a alterar nuestro modo de habitar el mundo, al modo finalmente de un texto que se sub tal como el personaje se sublevó a su época en términos individuales y también artísticos más colectivos. Entonces veo también ahí un horizonte que me parece muy interesante, que yo lo pienso también en una sintonía con Dónde puedo dejarlo, Esta historia podría haber sido narrada de las formas que tú dices, pero que finalmente la ausencia, ese asunto es el que determina justamente que se dé una narración elidida, una narración con mucho silencio, donde el vacío termina también imponiendo su lugar en la estructura del libro. Entonces quiero preguntarte también cómo es que se fueron imponiendo, se fue imponiendo este registro, se fueron imponiendo las notas y todo lo que hay alrededor de eso
[00:10:57] Speaker A: Es ese horizonte compartido, ese horizonte que del que hablabas, que está vinculado con la forma y con el modo en que los temas que tratamos en nuestros libros nos dictan una forma u otra. Es un horizonte completamente compartido.
Y creo que la función que cumple en mi última novela las notas la cumplen en tu Donde puedo dejarlo, estas entradas de un diccionario imaginario que de alguna manera va perdiendo la cabeza a medida que que vamos leyendo.
Algo similar sucedía, si no me equivoco, en el sistema de tacto con recetas. Es posible. Vale.
Tenemos ambos, creo yo, una natural curiosidad por estas formas narrativas que tienden a ser despreciadas o consideradas poco relevantes.
Naturalmente, todo el mundo odia las notas a pie de página y. Y de ratos yo también las odio, y los diccionarios no parecen ser la lectura más placentera o excitante del mundo. Sin embargo, en esas formas altamente codificadas existe la posibilidad de, digamos, la subversión tomar estas formas que parecen agotadas completamente y darles una vuelta de tuerca.
En mi caso, desde luego, la preguntará si había algún tipo de novela.
Cuando me vi abocado de algún modo a escribir este libro y cuando vi que este libro adquiría este aspecto arborescente, como sostuvo Narançu, un crítico español, cuando vi que el libro se ramificaba y que de alguna manera describía una especie de estructura como la de un árbol, que conectaba, por otra parte muy bien con el tema de nuestro vínculo con el mundo físico, con la naturaleza, yo me pregunté si había alguna novela así, que consistiese únicamente de notas a pie de página.
Recordaba los ejemplos ilustres de Borges, Sinapokov, pero no creía haber visto nunca ninguna así. De modo que me puse a estudiar y lo que descubrí fue que no parecía verla. A continuación lo que me pregunté fue si era posible escribirla y, de manera particular, si era posible que la escribiese yo. Y el resultado de la novela es la respuesta a esta pregunta. Es posible escribir una novela que consista únicamente en rosa pie de página.
Tal vez no sea recomendable, pero al menos posible es.
Y es tal vez una manera eficaz de recordarle a los lectores y lectoras que existen maneras de leer que no recordaban que están allí.
En ese sentido, tengo la impresión de que tanto tus libros como los míos son una reacción muy visible, muy explícita al tipo de literatura con el que nos rodeaba. Cuando tú y yo comenzamos a leer y escribir, pienso en los 90s en América Latina, presididos como estaban los países de Sudamérica por gobiernos democráticos por fin, pero tremendamente liberales, que apostaban por el triunfo del mercado y el fin de la historia, por utilizar el término de Francisco Kuyama, todos estos gobiernos estaban, y su literatura, la literatura que se producía en ese contexto, venían a plantear una especie de, digamos, fin de la forma, fin de la interrogación, fin de la subversión de las instituciones literarias.
Era una literatura que, por fin, en términos de quienes las escribían, alcanzaba el mercado, alcanzaba un gran público, podía competir con las literaturas más comerciales del norte de América y se convertía, o aspiraba a convertirse en lo que para muchas personas continúa siendo una especie de pariente pobre de los medios audiovisuales. Creo que muchas personas en ese momento hirieron esa idea. Pero también creo que hay personas que como tú y como yo quisimos ponerla en cuestión. Desde ese momento hasta entonces, es lo que hemos estado haciendo, ¿Verdad?
[00:15:25] Speaker B: Estoy muy de acuerdo con el diagnóstico. Creo que hay algo ahí que se me aparece, que es como también la palabra certeza. Todos esos libros que de alguna forma apuntan a entregar una solución, una certeza, una seguridad de que las cosas son así y no tenemos que darle más vueltas a eso. Y yo creo que, por el contrario, quizás esto en lo que estamos metidos tú, yo y otros amigos, también en esta misma complicidad, es poder desjerarquizar ese rango de lo que es válido y lo que no, de lo que es el centro y lo que es el margen de lo válido y lo que habría que mirar como secundario. Quizás también pensar en que todos esos otros espacios, todo eso que no está en esa luz, es igualmente.
Tiene una historia que contar. Todo tiene una historia que contar.
A mí me interesa mucho también lo pequeño, como alguna vez decía Andrea Palet de mí, que yo escribía de las mierditas del día a día, y me gusta mucho que además sea en el diminutivo, porque hay algo en esas mierditas del día a día que constituye una historia no solamente válida, sino potencialmente muy subversiva también, precisamente porque está fuera del foco del poder.
Entonces creo que ahí hay algo que se impone, y que se impone también en términos de una visión política, una visión política en el sentido más amplio.
[00:17:04] Speaker A: Sí las literaturas, las escrituras, de alguna manera se articulan, surgen de entusiasmos, pero también de rechazos, ¿Verdad?
Y creo que a menudo esos rechazos, lo que nos produce cierto descontento, lo que de alguna manera nos irrita, puede ser tan eficaz como productor o como punto de partida para una escritura, como aquellas cosas que nos entusiasman.
En mis libros hay siempre, al igual que en los tuyos, creo yo, una especie de rechazo a un cierto estado de la literatura, entendido este estado como, digamos, la absorción por parte de las instituciones de lo que es novedoso, de lo que es rompedor, de lo que no tiene un lugar específico. La creación continua de esos lugares conforma estrategias de captación, pero también de desarticulación y de desactivación de lo que hay de más político en una escritura.
Y en ese sentido, creo yo que al hilo de. Y volviendo sobre lo que estaba diciendo antes, así como tú y yo crecimos en los 90 y nos fuimos abocados a a esta especie de fingimiento de prosperidad y de fin de la historia que nos rodeaba.
Creo que también en algún momento, cuando un puñado de literaturas vino a cuestionar el estatuto de la literatura como algo cerrado y definido, entregado a una lógica del mercado, esas escrituras también fueron absorbidas.
No en vano a ti y a mí suele incluírsenos en esto que se denomina literatura de los hijos, que tiene magníficos ejemplos que sin embargo nos pillan algo tarde, por cuanto creo yo que en este punto no podemos presumir tanto de filiaciones como de paternidades, incluso aquellos que como tú y como yo, no hemos tenido hijos, hay siempre un intento, no importa dónde estés parado, si estás realmente parado, siempre hay alguien que cree que estás pisando los pies.
Y siempre hay un intento por absorber y desactivar, no las literaturas que están desactivadas desde el primer momento, sino aquellas que están activas por cuanto están vivas intelectual y emocionalmente, por cuanto ofrece más preguntas que respuestas.
Y noto en tus libros y en el itinerario que recorren una especie de actitud de mucha alerta en ese sentido.
No sé si opera la misma manera que opera en mi caso, pero tengo la impresión de que detrás de algunos de los libros hay una pregunta acerca de cómo narrar aquello que no está narrando nadie y que habiendo sido narrado tal vez en el pasado, puede aún producir sentido y un sentido nuevo.
[00:20:24] Speaker B: Exacto. Yo creo que eso también tiene que ver con cómo hay también una suerte de imposición que viene precisamente de esos años 90, esas recuperaciones de unas democracias craqueladas, una eterna transición en el caso de Chile, y que quizás justamente el asunto de lo temático de ciertos temas, se empezó a pensar en que eso era lo que podía ocupar el lugar de cierta irreverencia, de cierta subversión. Pero finalmente lo temático, el contenidismo, termina siendo también una herramienta muy afín a las lógicas propias del mercado, cómo el mercado termina absorbiendo, fagocitando todo eso. Y entonces la pregunta para mí pasa a estar ¿Con qué otras formas podemos seguir teniendo presente asuntos que me parecen de toda importancia, como la memoria?
Cómo la memoria se puede volver como una especie de memoria de supermercado con término fuerte, pero que lo usaba Albertina Carrie en algún momento con su película Los rubios. Y entonces pienso en eso todo el tiempo.
El desafío de cómo contar algo que se ha visto agotado o se ha visto absorbido por una estructura que finalmente va perdiendo el peso simbólico.
Creo que el lenguaje, en ese sentido, es la gran herramienta.
Es a través del lenguaje.
Y pienso que el lenguaje en esta época es algo que está siendo permanentemente, además, manipulado.
Las palabras tienen una potencia enorme para subvertir, pero las palabras también pueden ser motivo de una manipulación. Lo vemos muy claramente en este tiempo. Y por último, también creo que la literatura para mí es un antídoto contra la velocidad, contra esta velocidad feroz de estos tiempos, el next, next, next en el que estamos sumergidos, que de alguna forma anula el pensamiento o intenta anular el pensamiento, y cómo entonces escribir se transforma. Y me parece que lo veo muy claro también en lo tuyo.
Escribir para detener el tiempo, en cierto sentido.
No sé si estás de acuerdo.
[00:22:57] Speaker A: Sí, sí, absolutamente.
Creo que la literatura, por supuesto, uno de los últimos reservorios de una atención que Simón Bayle equiparó con el rezo, y que es una de las cosas que le debemos al mundo, una atención plena que nos devuelva la conciencia del sitio que ocupamos y de quiénes somos.
En ocasiones, bromeando con los amigos y las amigas, hablaba yo de. Hablado yo de la literatura como una especie de gimnasio donde entrenas músculos que ni siquiera recordabas que tienes.
Uno de ellos es el de la atención, por supuesto. El otro es el de la comprensión de discursos de cierta complejidad.
Los libros tienen que hacer cosas por nosotros, y es maravilloso que lo hagan.
Tienen que aliviarnos una noche insomnio. Tienen que hacernos algo más fácil un viaje largo en autobús o en tren.
Tienen que aliviarnos una cola en un banco, en una oficina pública. Tienen que entretenernos sin que emociones.
Pero al mismo tiempo pueden, y yo creo que deben, restituirnos una imagen del mundo enriquecida en la que el mundo es lo que es, pero también su reverso, por cuanto la ficción ocupa lugar en el mundo. También son los pocos sitios donde yo creo ser capaz de encontrar lo que alguna vez llamábamos pensamiento crítico.
Desde luego, no sucede en todos los libros, y también es posible encontrar ese pensamiento crítico en los mejores ejemplos de una prensa que, en líneas generales, al menos en español, está en franco retroceso, pero incluso intelectualmente.
Pero los libros deberían recordarnos el hecho de que nuestra historia no ha terminado y que si está vivos intelectual y emocionalmente al final de la historia, porque esa historia se cerró en falso. Creo que quienes somos hijos de activistas políticos de países como Argentina, Chile, Uruguay, y crecimos entre finales de los 80 y los 90 y los primeros 2000, somos muy conscientes, o deberíamos hacerlo, de qué la historia de nuestros países y los hechos trágicos del pasado reciente de esos países se cerró completamente en falso.
[00:25:31] Speaker B: Totalmente.
[00:25:32] Speaker A: Y que tan sobre literatura permite mantenerlo abierto.
[00:25:34] Speaker B: Sí, y es interesante eso, como esa idea de que el pasado no es algo que pasó, el pasado es una luz hacia el futuro. Y eso está bueno en tu novela, está muy presente. Eso es el único sitio donde nos
[00:25:50] Speaker A: queda algo de futuro, ¿Verdad?
[00:25:52] Speaker B: Exacto.
[00:25:53] Speaker A: En algún sentido tendemos a olvidar el pasado, por cuanto creemos que simplemente ha sucedido. Sin embargo, creo que en cada una de las situaciones significativas, en cada uno de los enigmas que nos rodean, en cada uno de los momentos en los que nos preguntamos algo por primera vez, somos conscientes de nuevo del hecho de que no hemos terminado con el pasado y el pasado no ha terminado con nosotros.
En tu última novela, el modo en el que Manuela ocupa el lugar de Mara de cara a su familia, no habla solamente una situación fantasmática del tipo de la que podríamos encontrar en la novela de Henry James, que pareció uno de los antecedentes más, al menos para mí, más visible de la novela.
No se trata solamente de eso, trata del hecho de que las ausencias, que son parte, desafortunadamente, de la historia de nuestros países, constituyen también formas de presencia, una intensidad que de una importancia que la literatura no puede sino hablar de ellas.
Y no debe hacerlo, diría yo, de una manera en que, digamos, facilite, o, por decirlo de algún modo, bastardice esa relación con el padre, esa ausencia, sino que debe ponerla en acto, para lo que tiene que constituir también una forma de enigma y una forma de ausencia.
Creo yo que para ambos, tanto para ti como para mí, esa ausencia pasa, o ese enigma pasa por la forma.
[00:27:27] Speaker B: Exactamente, sí, sí.
Yo creo que el abordaje de la ausencia, precisamente de eso que ya no está más, de la ausencia, impone también una sintaxis determinada, porque el vacío no se puede narrar, esa ausencia no se puede narrar siguiendo lógicas lineales, ni progresando en la historia.
Entonces se traduce necesariamente en la prosa, en el entramado de las frases y las formas en el dispositivo. Bueno, en tu caso esta la nota de la nota que va, pero también el ramaje.
Hay una estructura muy arbórea en eso. Y también la atención, lo veo en mi caso, a las pausas, al espacio que ocupa en la misma página, esos vacíos, a veces el encabalgamiento, el ritmo. Bueno, todo eso que tiene que ver con lo que no es solo la historia, que es importante la historia, pero la historia es un anclaje que necesita precisamente una especie de colchón que la va sosteniendo y que la va afincando en el lenguaje. Y yo pensaba ahora, cuando digo esto de lo de arbóreo, claro que en tu novela aparece, hay un momento en el que una planta o un árbol nace a partir de la bellota de un roble.
Y se me vino un poco la idea de los árboles, Claro, como la posibilidad de un mundo otro.
Y pensé mucho en una idea que me gusta mucho de Felisberto Hernández, que él en ese textito que se llama Explicación falsa de mis cuentos, habla de que para escribir, se supone que es una explicación de sus cuentos, pero termina siendo una especie de declaración de principios.
Dice que en un momento piensa que en un rincón de él van a ser una planta y que la empieza a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro que podría tener porvenir artístico. Y la acecha buscando formas de poesía, etc. Y pensé mucho en cómo hay algo de esa estructura de pensar en una plantita que nace y que también siguiendo un poco esa idea de ebe ubiando la hiedra, que uno va guiándola, va guiando esta obsesión, compulsión, fijación que se va imponiendo en el material mientras uno va escribiendo, pero al mismo tiempo va dejando que sea la planta que quiere ser.
Entonces pienso también en eso, en nuestros procesos de escritura, no como un guión que está fijo, una escaleta predeterminada que vamos rellenando, sino como ese material, al modo también de los árboles, que va estableciendo unos nexos por debajo de la superficie, que se va topando también por encima de las copas de las historias, las copas de los árboles, como esa conjunción de historias que dialogan. Y cómo ese proceso entonces, necesariamente va generando una escritura, al menos que no sigue una norma canónica, sino que se va moldeando porque el propio material va pidiendo un cierto seguimiento.
[00:30:40] Speaker A: Absolutamente. ¿Sabes?
Cuando era niño nos invitaban a no tragarnos las semillas de las antiguas clases de cosas, pero porque decían que nos iba a crecer una planta dentro. Con el tiempo, la idea de que una planta me creciese dentro me parecía mucho más. Me parece mucho más bonita que la idea de que me crezcan otras cosas, no me crezca nada.
Efectivamente, hay algo orgánico en la escritura, ¿Verdad?
Yo conozco muchos colegas y muchas colegas que trabajan con una escaleta, que trabajan con una especie de mapa, que saben antes de sentarse a escribir en qué consiste su libro y cómo lo van a contar.
Por mi parte, y en esto creo que mi proceso de escritura es similar al tuyo, nada de esto sucede.
Mi trabajo consiste en crear una disponibilidad que es tanto mental como material, es decir, una horas libres en un sitio más o menos agradable donde yo pueda poner en acción los personajes, una escena, un argumento breve sobre que estaba pensando para ver a continuación a donde. Todas estas cosas me conducen. En ese sentido, para mí escribir mis libros es una manera de averiguar, la única que yo conozco, de averiguar en qué consiste mis libros, ¿Verdad?
Hay algo de búsqueda, hay algo de intuición.
Existe siempre el riesgo que entraña todo lo vivo, que es el hecho de que no conduzca a ningún sitio o conduzca hacia un sitio al que no queríamos ir.
Pero hay un riesgo mayor en literatura, que es el de que lo que vayas a producir, lo que vayas a escribir, de alguna manera carezca de vida y ha nacido muerto, pero que es tan evidente para nosotros como lectores y lectoras, cuando un texto responde a una finalidad otra que la del texto mismo.
Creo que muchos de nosotros pensamos en este escenario como el peor al que podríamos enfrentarnos. Ninguna otra cosa, ni un bloqueo, ni lecturas especialmente crueles o negativas. Nada de esto nos atemoriza tanto como la posibilidad de que lo que hayamos escrito un día nos resulte falso o esté muerto.
Y en ese sentido, la forma es el sitio al que dirigirnos para, creo yo, para producir algo que está realmente vivo, algo que tiene que entraña un riesgo, un porcentaje de desafío para nosotros como los autores, aquello en lo que la forma se insertará o de lo que emergerá, pero también para nuestros lectores y lectoras. Ahora bien, creo que eso es completamente orgánico. No tengo yo la impresión de que autores como tú, como yo, o los autores y las autoras que me interesan, estén rompiéndose la cabeza al respecto. Es algo muy natural que surge en el momento en que un puñado de personajes o una situación nos llevan a un sitio u otro.
[00:33:49] Speaker B: Exacto.
[00:33:49] Speaker A: Es como el árbol, como decías tú, las ramas no están planeadas, no están inscritas en ningún tipo de ADN del árbol surgen y se articulan con otros árboles y con otras ramas en busca de una especie de luz.
[00:34:03] Speaker B: Y con otros seres también van apareciendo animales, pájaros, viento.
[00:34:11] Speaker A: Absolutamente, sí, sí. De hecho son una buena metáfora del tipo de cosas que me interesa en este tiempo y que no solamente hace a la ecología, sino también a la literatura, la posibilidad de comprender por fin, que no se escribe acerca de o no se habla de, sino con, y que tampoco se vive de, sino con, con otros psiconautas, en una relación que idealmente es enriquecedora para todas las partes y no es extractivista de ningún recurso, de ninguna voluntad que otros y otras tengan a su alrededor.
[00:34:58] Speaker B: Me hiciste acordar también un término que usa María Sonia Kristoff en su novela de Roche, cuando habla del extractivismo vital, que también es parte de estos tiempos desquiciados, de la velocidad de la producción.
Y creo que viene muy a colación también porque de alguna forma tus libros, quizás los míos también, abordan quizás algo que no es para ojos externos productivo, que va un poco contra esa lógica, esto de hacer estas novelas que requieren de una cierta. También como correlación con el lector que va contigo también entrando en ciertos laberintos, ciertos lugares inesperados, que no hay nada preestablecido ni nada que nos conduzca de una manera mandatada hacia aquello. Y pensaba entonces cómo un texto fallido en ese sentido, en el sentido que lo pensaría el sistema. Es un texto exitoso en este otro modo de verlo, como el texto fallido, el texto que no es lo que quiso ser, lo que uno quería que fuera, sino más bien lo que el material indicó y nosotros fuimos siguiéndolo. Me parece que es efectivamente el libro que a mí me interesa, que vale la pena escribir para entender, como tú decías un poco, lo que estamos escribiendo en el momento en el que lo vamos escribiendo, porque somos sujetos vivos, activos, que también vamos modificándonos en el momento en el que nos conectamos con ciertas lecturas, con el proceso mismo de abordar un tema, cómo todo aquello que estaba por debajo de lo que estábamos escribiendo empieza a emerger lo pienso, por ejemplo, con Dónde puedo dejarlo.
Estuvo muy intervenida esa escritura por la pandemia.
Yo empecé a escribir los primeros apuntes en febrero del 2020 y en marzo ya estábamos encerrados.
Y esto es algo que veo muy a posteriori, que en ese momento nunca lo visualicé, lo veo ahora que el libro ya existe, cómo creo que ese tiempo de encierro, de pérdida, de pensar en un futuro que vacilamos, entre en algún momento pensar que luego podía venir una sociedad que fuera muy consciente de la necesidad de vivir en comunidad, pensando en el que otro es parte también de tu propia existencia, que nos necesitamos en ese vínculo, que va a ser una sociedad al fin muy despierta respecto de eso, del medio ambiente, en fin. Y sin embargo termina siendo lo que vemos hoy, que me parece que estamos viviendo en una época barbarie, de crueldad, de devastación, etcétera. Y creo que eso, sin que esté presente explícitamente, sin que yo me lo haya propuesto tampoco, y quizás como una capa muy subterránea, entra en la escritura eso con una especie de halo que está por ahí. Quizás también asuntos más personales en los que no voy a ahondar, pero la pérdida de memoria de mi madre, de alguna forma me parece desde hoy que también puede tener su espacio ahí. Entonces los libros van mucho más allá de lo que incluso somos capaces de ver con cierta racionalidad en el proceso y a posteriori. Y lo pienso también en tu caso, en todo hay una grieta, como tú querías escribir una biografía más o menos tradicional y termina convertida en en este otro libro que aborda tanto y de una manera también tan orgánica.
[00:39:01] Speaker A: Sí, los libros, en mejor de los casos, nos recuerdan que nuestras intenciones ocupan un lugar y son relevantes, pero en sustancia son inferiores en su importancia a lo que los libros mismos reclaman.
Creo que todos los escritores del tenemos la impresión de que esos libros reflejan nuestras intenciones y lo hacen con una claridad absoluta, casi como si esos libros fuesen mapas en una escala de uno a uno de nuestras intenciones y de quiénes somos. Sin embargo, es evidente que los lectores y las lectoras piensan lo mismo.
Nosotros vemos nuestro rostro reflejado en esos libros por cuanto los hemos escrito nosotros, con nuestras ideas y con nuestras pasiones, pero es evidente que si realmente se correspondiesen con nuestras intenciones, y pasiones, los lectores y las lectoras no podrían entrar en ellos, no podrían hacer con ellos lo que tenemos que hacer con los libros, o lo que hacemos con los libros que devienen importantes para nosotros.
Alguna vez he dicho. Tengo la impresión de que si los escritores creemos que el libro es nuestro espejo, los lectores y las lectoras también lo creen. De tal modo que si existe una especie de rostro de un libro, de una novela, como ¿Dónde puedo dejarlo? Es una especie de rostro frankensteiniano conformado por fragmentos de tu rostro y del rostro de sus muchos lectores y lectores.
No hay nada de malo en ello.
Por el contrario, creo que esto nos recuerda el hecho de que debemos aproximarnos a la escritura con algo parecido a.
Yo diría humildad, pero tal vez es una palabra como la prensa, pero diría que con cierta discreción y reconociendo el hecho de que lo que va a suceder allí es algo que nos excede y que consiste en tender una mano para ver si otros la toman también. Es ejercer algo parecido a una resistencia, a un estado de cosas que es insoportable, pero tal vez no sea mejorable.
Después de escribir en todo entra la luz, que es una forma de resistencia a una demanda específica, que era la de que yo escribiese una novela, escribiese una biografía novelada en Nueva York acerca de Benjamin Fondan. Después de escribir la novela, digo, recordé una frase que decían los miembros de la Resistencia francesa con los que Fondant tuvo contacto antes de morir, antes de ser asesinado. Los miembros de la Resistencia francesa decían que obedecer es traicionar.
Y lo decía naturalmente, relación con los dictámenes y las órdenes que emitía el gobierno de ocupación, el gobierno nazi, el gobierno de Vichy.
Pero creo que su frase es perfectamente extrapolable al presente. Creo que todos necesitamos resistir en este momento. Necesitamos desobedecer.
Cada uno de nosotros tiene que pensar en qué medida obedece y qué traiciona al obedecer. Creo que todos, como lectores y como le.
Nos enfrentamos a textos a menudo muy promocionados, cuya lectura constituye una traición, Algo de tan profundo que está en nosotros hemos olvidado.
Pero es aquello que nos convirtió en primer lugar en lectores y lectoras, y algunos de nosotros son escritores y escritoras. Y es la intuición y prácticamente la certeza de que la literatura es la vida mejorada.
¿Que Hay allí? ¿Riesgo, pero que hay allí? Belleza.
¿Y que hay allí? La posibilidad de un intercambio significativo con otros y con otras. Un diálogo que nuestro mundo, fuera de la literatura, expulsa y que en la literatura también expulsa, sometiéndonos a lo que alguien denominaba espectáculos literarios realmente deprimentes y que yo resumo en lo que en ocasiones, con los amigos y las amigas llamamos el mejor libro del año esta semana.
Todos esos libros que hemos leído ya y que ofrecen variaciones mínimas, a menudo no mucho más que el nombre de su autor o autor, una portada, puesto que todo lo demás es lo mismo.
Nadie quiere vivir una y otra vez el mismo día, nadie quiere, ni siquiera el más fanático de determinados alimentos, y yo soy muy fan del ramen, como quizás sepas, e incluso de la comida chilena, una especie de total y absoluta degradación de mi sentido del gusto, demasiado degradada, y ni siquiera alguien como yo es capaz de comer una y otra vez la misma cosa. ¿Por qué alguien podría leer una y otra vez el mismo libro? No lo comprendo. Pero sí creo que el descontento de quienes han visto nosotros obligados a leer una y otra vez el mismo libro, convencidos por unos o por otras, es tan grande que nuestros libros ocupan un lugar cada vez mayor.
Los libros que a mí me importa escribir, los que me importa leer, los libros de mis amigos y de mis amigas, los que me parecen relevantes y hemos hablado en esta conversación de los nuestros, pero también de libros de autores y autores que me parecen fantásticos, como María Seno, Kristoff, Andrea Palette, son libros que vienen a recordarnos que hay más de lo que nos dijeron que había allí en lo que llamamos habitualmente literatura contemporánea en español.
[00:44:57] Speaker B: Totalmente, totalmente. Yo creo que son finalmente los libros, no de los nuestros que estamos hablando, aunque también, pero sí quizás que comparten un cierto malestar, pero al mismo tiempo una necesidad imperiosa, una urgencia por ver algo más allá del malestar, o convertir el malestar también en algo que nos ayuda a construir otra cosa, una cosa distinta que rompa las estructuras de las que estamos tan atados.
Me gusta mucho también pensar que en los libros de los que estamos hablando no hay clausura, son libros que no se cierran, que de alguna forma nos abren la posibilidad de seguir habitándolos y seguir habitando lo que estos libros contienen, que esa especie de grieta posible. Bueno, tu título, esa luz que puede haber ahí, porque también son libros que hablan de la posibilidad en vínculo con la imposibilidad, como esa oscuridad que al mismo tiempo necesariamente debe alojar una luz.
Y sí, me parece que eso quizás como resume esto que hemos estado conversando, a mí yo llamaría a comer muchas semillas de sandía para que efectivamente esos libros que escribamos puedan ser esta, tener esa estructura arbórea, Yo no podría decirlo mejor.
[00:46:28] Speaker A: Y si te parece, lo dejamos aquí. Por mi parte, una vez más, lo hice en privado y lo hago ahora públicamente o tan públicamente como podemos hacerlo en una conversación como esta, quiero agradecerte por donde puedo dejarlo y lo que dejó en mí.
Así que muchas gracias por eso, Alejandra, gracias por tus libros y hasta muy pronto, espero.
[00:46:49] Speaker B: Muchísimas gracias, Patricio. Digo lo mismo de ti.
Soy nada, quiero entrar siempre en esa grieta por la que entra la luz. Como son tus libros esos, guapa. Hasta pronto, muchos besos. Gracias. Chau.
[00:47:09] Speaker A: Gracias por escucharnos. Tema Libre es un programa producido por Editorial Anagrama. Esperamos que hayas de disfrutado y hasta la próxima.