Episode Transcript
[00:00:03] Speaker A: Radio Anagrama presenta Tema Libre, una conversación sin presentador ni reglas.
¿En qué momento un proyecto está lo suficientemente maduro para aquí hay un libro?
Hay escritores que van con mapa y otros que armados con una brújula van a la aventura. Sara Mesa y David Trueba abren la maquinaria de la escritura tanto literaria como cinematográfica, charlan sobre autoficción y festejan lo narrativo en un episodio sobre el gran placer que es leer.
[00:00:40] Speaker B: Hola, ¿Qué tal?
Soy David Trueba, soy escritor y estoy aquí en este maravilloso podcast con una buena amiga y también una gran escritora, Sara Mesa. ¿Cómo estás, Sara?
[00:00:54] Speaker C: Hola, muy bien, ¿Y tú David, qué tal?
[00:00:57] Speaker B: Bien.
Aquí estamos sueltos en este reto que tenemos que hacer de conversar. No sé por dónde podríamos empezar. Se me ocurría que a lo mejor una buena manera de empezar es precisamente por comentar cuándo es para nosotros el momento ese en el que creemos que un proyecto o una novela está suficientemente madura como para empezar a escribirla o como para pensar que tenemos una novela entre manos, que es algo que también muchas veces nos preguntan la gente que está empezando a escribir. ¿Tú, Sara, en ese sentido, ¿Cómo es el momento en el que creo que ya hay novela o vas un poco a tientas? ¿Cómo es tu proceso más o menos?
[00:01:40] Speaker C: Guau. Empieza.
[00:01:42] Speaker B: Empezamos fuerte.
[00:01:43] Speaker C: Empieza fuerte.
Yo he escuchado algunos podcasts de Tema Libre y la gente siempre como que hace un calentamiento oye, ¿Dónde estás?
¿Cómo te va? Pero aquí has empezado.
[00:01:55] Speaker B: Aquí el respeto al oyente es absoluto.
[00:02:00] Speaker C: Disertación en las mínimas.
Pero mira, la verdad que no sabría decirte. No sé, a tu pregunta digo, no sé cómo lo tienes tú de claro para que hayas decidido también abrir por aquí la conversación.
Pero sabes que en general creo que para muchas de las personas que escribimos la actitud era un proceso bastante misterioso y bastante imprevisible también. Entonces, no sé, yo creo que las cosas se hacen haciéndose, valga la redundancia.
Tienes una serie de ideas dando vueltas en la cabeza, por lo menos en mi caso funciona así durante largo tiempo y van cogiendo forma y un día de pronto ¿Qué tal si escribo sobre esto? Y pruebas Y va cogiendo forma y.
Y de pronto ah, pues sí. Pero hay también mucho proyecto que se queda.
Bueno, mucho no lo sé, pero alguno ha habido, por lo menos en mi caso, que se queda en las diez, veinte páginas inconcluso, pero forma parte, supongo, de la búsqueda del camino de encontrar cómo desarrollar esa idea que tenías en la cabeza.
¿Cómo va en tu caso?
[00:03:21] Speaker B: Sí, yo era algo que me pasaba, sobre todo cuando.
Cuando empezaba y era joven, sí que tenía una cierta sensación de que me precipitaba y que empezaba a escribir demasiado pronto, cuando todavía a lo mejor lo que tienes es el entusiasmo de una idea, pero no de alguna manera la idea sentada lo suficiente. Entonces eso provocaba lo que es tan habitual en tanta gente cuando empieza a escribir, que es que escribes eso, veinte, treinta páginas, y de pronto se agota un poco la línea que seguías. Por eso yo, por ejemplo, ahora soy lo contrario, es decir, yo para mí escribir es como el ultimísimo paso, que no empiezo a darlo con una novela hasta tener como la sensación de que está completamente escrita en mi cabeza, de que prácticamente sé todo lo que hay, cosa que es obviamente falsa, porque cuando escribes va derivando hacia lugares insospechados y va habiendo algunos cambios, pero por lo menos sí una sensación de que tienes el recorrido más o menos completo de lo que quieres contar. Y sí que si tuviera que hacer una diferencia entre cómo escribía cuando tenía 20 años y cómo escribo cuando tengo ahora ya más de 50, diría que es eso, es decir, que he retrasado mucho ese momento de empezar, ese momento como de decir creo que ahora sí que de verdad hay que ponerse a escribir y tengo algo entre manos que durará y que se sostendrá en la tensión de la escritura. Siempre había esa especie de frase que decía que había escritores que trazan un mapa antes de ponerse a escribir y otros que simplemente van con una brújula buscando.
No sé si esas descripciones te cuadran con tu.
Con tu forma de trabajar.
[00:05:23] Speaker C: Bueno, hay un poco de todo. Yo de todos modos creo que estoy en el estadio primerizo de tu escritura.
[00:05:32] Speaker B: Claro, porque eres muy joven.
[00:05:34] Speaker C: No, no, bueno, tengo muchos libros ya. No, creo que es mi manera de trabajar. Yo no puedo estructurar muchísimo la idea.
Ha usado la expresión idea asentada y es que yo la asiento escribiéndola.
Bueno, entiendo, por eso digo que es un poco mezclado. Seguro que lo que estoy diciendo también te resuena a ti.
Conoces esa sensación de la que estoy hablando y tú mismo has dicho que esa idea asentada realmente luego se va modificando durante el curso de la escritura, pero realmente es que una idea que va a ser escrita no estoy segura de que exista previa a ser escrita. Qué tontería. ¿Me explico?
[00:06:19] Speaker B: Sí, sí, se entiende, se entiende bien.
[00:06:22] Speaker C: ¿Cómo articulas realmente la escritura de algo que no ha sido escrito todavía, que es solo mental? Esa sensación tan compartida de que las ideas son mucho mejores en nuestra cabeza que cuando las plasmamos en papel. Claro, porque no es lo mismo, realmente. Al final al lector le da igual cuál es tu idea, cuál era tu idea brillante. Lo que está es lo que está en el texto. Entonces ese desarrollo solamente lo vas a conseguir y solamente vas a ver si es válido o no. En ese proceso yo comparto contigo esa sensación de que escribir es lo último.
A veces tomo notas, a veces hago borradores, a veces cojo ideas y luego nunca uso nada de eso. Se queda ahí, nunca lo encuentro además cuando lo necesito y cuando las encuentro e intento usar esas notas, al final queda un poco pastiche también.
Pero ese proceso de ir rumiando también es interesante. Y ahí sí que soy quizá más lenta que antes.
De hecho creo que soy una escritora lenta en ese sentido, porque hay cosas sobre las que escribo que realmente me vienen rondando mucho, mucho tiempo atrás.
Y ese tiempo que ha pasado entre medias, estoy segura de que mi cabeza la he estado digiriendo de algún modo y buscando la manera desde donde afrontarla, porque al final eso también es la actitud. Pero luego llega el verdadero momento de escribirlas.
Y no es solamente el momento más complicado, para mí también es el momento más divertido, más.
No sé, bueno, porque el que me absorbe más luego viene corregir, que es otra cosa más fea.
[00:08:09] Speaker B: Sí, porque el espíritu cambia mucho.
Empezar ya a escribir a todo lo anterior, el espíritu, por lo menos el mío, es más derrotista. Siempre tengo una sensación de bueno, sí tienes algo ahí rondándote, pero todavía no estás suficientemente maduro, no tiene la suficiente entidad como para sentarte y empezar a hacer esa cosa tan de alguna manera pretenciosa como es empezar a escribir, empezar a llenar ahí líneas y líneas. Y claro, para mí eso, al tener que tener, por ejemplo, muy clara la estructura en sí mismo, yo sí que antes de empezar algo pienso qué estructura va a tener en cuanto a duración temporal de la narración, si va a tener un desarrollo, cómo van a ser esos capítulos. Por supuesto, el tono y el punto de vista también me marca muchísimo lo que va a ser el desarrollo posterior. Entonces, a mí todas esas cosas, conseguir de alguna manera tenerlas perfectamente definidas, a mí todo eso me impide empezar a trabajar. Yo alguna vez a algún compañero le he escuchado decir que llevaba medio libro escrito con un narrador en tercera persona, pero al final lo cambió a tal. Me sorprende, porque a mí lo que me pasa es que no podría empezar sin saber quién está contando a través de quién se mira, o si no se mira a través de nadie, sino que miras a través de un. De un narrador omniscente, lo que sea.
Y todas esas cosas, al final a mí me da la sensación de que has tomado muchísimas decisiones sin casi ser consciente de que has tomado tantas decisiones.
[00:09:52] Speaker C: Sí, bueno, hay una serie de elementos que estás tú nombrando que tienen que ver con la mirada, desde dónde cuento esto, quién lo está contando y algo básico sobre qué estructura va a tener lo contado, que yo sí que la tengo también antes de ponerme a escribir, o la intuyo más bien, no es tanto una planificación como, no sé, un sexto sentido, algo que me dice por aquí o por allá.
Pero yo te quería preguntar, David, porque al final en tu caso no podemos eludir que tú también haces cine y estoy, por lo que yo sé, estoy bastante segura de que antes de ponerse a rodar sí que hay que tener todo muy claro. Entonces me pregunto hasta qué punto esos mecanismos de narración que son diferentes, pero que tienen mucho en común entre el cine y la literatura, en tu caso se entremezclan.
Porque claro, de alguna manera tú me estás viniendo a decir que en tu cabeza tienes una especie de guión previo y eso es un funcionamiento también. Es que entiendo que no puede.
¿Hasta qué punto se diferencia tu manera de escribir en uno y otro? Yo estoy segura de que tiene que haber una influencia mutua.
[00:11:18] Speaker B: Hombre, para el escritor un rodaje es probablemente una pesadilla. Y yo mismo muchas veces he estado allí, como tengo la doble personalidad, he estado sentado poniendo en escena una situación en un día de rodaje y he pensado ¿Quién coño me ha mandado meterme en esto? Con lo bien que está en casa siendo el propio organizador de todos los desastres y maravillas del día.
Pero sí que es verdad que en el proceso de escritura yo lo que encuentro que es la mayor diferencia es que un guión de cine necesariamente se construye secuencia a secuencia y las secuencias mandan un poco sobre el puro desarrollo de la historia, porque al final son como unidades de medida, es como si tuvieras que hacer un collar y claro, tú dijeras no es lo mismo hacer una tela que hacer un collar, porque la tela te permite a lo mejor ir creciendo de una manera incluso sin tanto margen como un collar en cambio sí que tiene un principio y un final, unas cuentas que se van asociando y que una tiene que seguir a otra a ver si no se cae todo.
Y es verdad que, por ejemplo, para escribir un guión yo por lo menos hago una planificación muchísimo más milimétrica que la de una novela, porque tienes en torno entre 80 y 130 secuencias y prácticamente antes de empezar a escribir sabes lo que va a suceder en cada una de ellas, cosa que no, que no sucede tanto en una novela, aunque yo siempre he intentado hacer novelas que tuvieran una trama bastante evidente, es decir, que el lector supiera, aunque no intuyera por dónde va a ir el libro, pero que supiera que está bajo la pátina de un escritor narrativo. Yo casi nunca he sido un escritor evocativo. Entonces eso también hace que seas o que pongas unos límites a la digresión, a los elementos de libertad poética o de libertad creativa y seas más riguroso en el sentido de aquí esto se cae, aquí está perdiendo interés, aquí no está avanzando hacia dónde vamos, hacia dónde va el personaje, que eso sí seguramente tiene que ver, pero con un diseño ya de mi cabeza también, más que por el cine, por el hecho de que yo soy un gran festejador de lo narrativo y tengo amigos que tienen incluso en el cine acercamientos completamente distintos y yo siempre acabo diciendo lo mismo, si dos personas tan inteligentes como Shakespeare y Tolstoy se sometían a la miseria de construir una trama y de más o menos tratar de que los personajes respondieran a una cadencia narrativa para llegar de un lugar a otro, yo no me considero autorizado para salir a la calle y decir yo soy más inteligente que esto, yo no necesito esa miserable percha de una trama, como lo oigo decir a muchos escritores, que además algunos de ellos me gustan, y eso también a mí me condiciona a la hora de diseñar el trabajo, o sea que no es tanto a lo mejor el hecho de compartir el cine y la literatura, sino de tener una forma de contar que tiene mucho que ver con lo narrativo.
[00:14:50] Speaker C: Sí, sí, Sí, es cierto.
[00:14:51] Speaker B: ¿Tú en tu caso, te sientes más liberada de eso?
[00:14:55] Speaker C: No, no, mira, según estaba comentándolo, antes de decir que hay otros escritores que hablan de que no les importa tanto la trama, estaba pensando justo en eso, que últimamente en entrevistas y en contenidos así de radio como este, había escuchado a gente decir esto. Hay un cierto descrédito últimamente sobre.
Sobre las tramas narrativas en las novelas y en los cuentos, por supuesto, y también cierto descrédito hacia el desarrollo psicologicista, psicológico de los personajes, esa cosa que alguna gente considera poco moderna o decimonónica, y a mí siempre me genera muchas dudas. Evidentemente se puede escribir de muchas maneras diferentes, desde muchos lugares diferentes, pero no entiendo muy bien ese descrédito últimamente de la trama y de lo psicológico, porque para mí también son herramientas fundamentales, además, para abordar lo contemporáneo.
Y de hecho hay muchísimos escritores que podríamos catalogar de postmodernos, pienso, por ejemplo, en David Foster Wallace, que evidentemente manejaban tanto tramas como en el sentido más clásico, como desarrollo psicológico de personaje. Es decir, que no está excluido.
Y quizá, no sé, quizá lo que sí que puedo entender, y sí que apoyo el hecho de que la trama no tiene que ser, desde luego, una trama que aborde ningún tipo.
[00:16:36] Speaker B: No, una fórmula.
Fórmula falsa. Exacto.
[00:16:40] Speaker C: Y que realmente se puede escribir de. De cualquier cosa. Es decir, que trama podemos sacar de un día cualquiera de nuestras vidas con la observación cotidiana o con cualquier pequeña cosa que nos pase. Si uno tiene la capacidad de hacerlo, y me parece una gran capacidad, puede desarrollar a partir de ahí una gran historia que se puede escribir, una gran historia de cosas verdaderamente pequeñas. Eso sí que lo siento yo como cierto, pero no termina de convencerme tanto eso de que no tenga que existir una trama. Hay novelas, textos narrativos que contienen elementos narrativos, pero los cuales pesan mucho, como tú has dicho, la evocación o lo lírico, lo descriptivo o lo filosófico, y algunos son muy interesantes, pero no el tipo de libros que yo desde luego estoy más preparada para hacer, porque no
[00:17:31] Speaker B: sé si, por lo menos en mi opinión, creo que hay una exacerbación también equivocada de lo confesional, como si lo confesional te tuviera que remitir a una particularización en ti mismo, donde el autor de alguna manera lo invade todo, lo domina todo en el relato.
Y ahora creo que vivimos, porque hay muchísima literatura de trauma, literatura de confesión, literatura de voz, lo llaman autoficción algunos otros, novelas sin argumento y sin personajes, sino que el personaje es el escritor. Pero siempre tengo la sensación de que quizá hay una lectura demasiado infantil de esos géneros, en el sentido de que si un gran escritor, o lo que yo por lo menos considero un gran escritor, decide que el personaje se despierta una mañana convertido en una especie de escarabajo, cucaracha, de animal indefinido, y si eso se lee como que se está separando de tratar de hacer algo absolutamente personal, creo que ahí hay una infantilización de la lectura muy alarmante, porque un escritor es capaz de expresarse y de expresar su visión del mundo, su poética, su confesión, su vida traumática, precisamente a través de la construcción y del relato. Es como si un pintor tuviera que pintar autorretratos para ser considerado un gran pintor. Yo creo que nosotros consideramos a Goya un gran pintor, porque Goya se expresa él a través de escenas, incluso muchas copiadas del natural y reproduciéndola. Y no sé por qué en el mundo de la literatura a veces parece que dices algo tan obvio y resulta como sorprendente.
Parece que, como has dicho un poco, que se podría hacer una lectura anticuada, y a mí me parece más bien que lo que hay es a lo mejor un acercamiento de un gran infantilismo.
[00:19:34] Speaker C: Pues este tema es complicado,
[00:19:39] Speaker B: porque tú habrás vivido también la sensación de identificación por parte de una. Bueno, vamos a llamarlo lectores, solo de los lectores. Esa cierta sensación como de leo un libro de Sara Mesa y la protagonista es Sara Mesa.
[00:19:54] Speaker C: Claro, a ver, es que en gran medida, en gran medida es cierto, pero desde un punto de vista tal como yo entiendo un texto ficcional o ciertos textos ficcionales, porque si no yo escribiría sobre templarios, pues ahí no vas a encontrarse a la mesa. Pero si escribo historias contemporáneas qué podrían haberme pasado a mí, aunque me hayan pasado, no da igual.
Hay una sensibilidad y una mirada en la que sí, estoy yo, pero puedo estar en la protagonista y puedo estar en el resto de los personajes.
Y esto lo explicaba yo cuando hice alguna entrevista sobre mi novela La familia, que es una novela coral, porque aparece todos los miembros de una familia, incluso algún miembro externo, un tío, una familia nuclear, padres, hijos, tíos, una vecina, etc. Yo pensaba que todos los personajes era yo, todos tenían algo mío y yo a todos los había intentado trazar, incluyendo cosas mías.
Y cuando Ada, tú mencionabas el personaje que se levanta y se ha convertido en un insecto, creo que es bastante obvio que cuando Kafka escribió esta historia estaba hablando de sí mismo.
Ahora bien, eso creo que puede ser una manera de abordar lo biográfico, lo propio, la personalidad de cada uno que se manifiesta también en el estilo.
Pero también está las formas confesionales o las formas más abiertamente autobiográficas que a mí me interesan. Es verdad que ahora mismo hay una inflación de esto y hay algunos libros que son bastante poco satisfactorios, digamos, o por lo menos a mí me resultan poco satisfactorios, pero hay otros que sí que me interesan. Es decir, yo no es una.
¿Cómo te diría? No creo que sea una realización literaria que podamos despachar de un plumazo. Entiendo que no lo estabas haciendo tú, claro, pero que me parece interesante y me parece incluso necesaria en algún caso. Al final se trata, si tú tienes algo que contar, de averiguar cuál es la mejor manera de contarla. Y lo que sí que me genera un poco de duda es que muchas veces la manera más fácil, pienso por ejemplo a mí como escritora, sería usar el formato testimonial. Es decir, me ha pasado algo, considero que es importante, más o menos creo que sé escribir, que tengo cierta facilidad de escritura, la escribo y punto, y al final el resultado no va a ser muy bueno. Yo creo que como escritora puedo trabajar sobre esa experiencia y añadirle una capa más. Incluso puedo introducir elementos que no tengan una correlación directa con la realidad y que sin embargo sigan resplandeciendo como verdad dentro del texto.
Leía el último libro de Julian Barnes, Despedidas, y decía en un momento dado una frase que me resultó muy interesante. Decí no tengo ningún problema en falsear cosas del contexto mientras el núcleo de la historia siga siendo verdad. Y a veces notas que es cierto que si te pones a contar todo exactamente tal como sucedió, para empezar no es posible. Es decir, cualquier texto testimonial, confesional o abiertamente autobiográfico falsea la realidad, lo quiera su autor o no.
Y para seguir, a veces es empobrecedor y creo que como escritores muchas veces tenemos la obligación de intentar hacerlo lo mejor posible. Y a veces hacerlo lo mejor posible incluye todo, todo lo posible, toda la inclusión de elementos ficcionales que ayuden a que ese texto, digamos, reverbere más todavía su verdad. No sé si me explico, porque entiendo que puede resultar un poco contradictorio, pero yo lo veo así, la verdad.
[00:23:51] Speaker B: No, no, es que yo creo que es así.
Eso es un poco lo que te decía de Goya. Goya está en todo lo que pinta, pero todo lo que pinta no es Goya, es decir, las dos cosas. Es una prolongación de su memoria, de su cabeza, de su sentido del pintura, pero también es un autorretrato constante. Y por eso, por ejemplo, a mí hay un escritor que me gusta mucho y que sigo muchísimo y que me encanta, que es Emanuel Carrer, y es una persona a la que valoro muchísimo en cuanto a que sabe muy bien estructurar, estructurar lo testimonial, estructurar incluso lo autobiográfico, estructurar el retrato de personajes entendido por estructura, el manejo de los límites de la trama y del encantamiento del lector. Y eso no me parece que lo separe de la autoficción para llevárselo a la ficción, sino que simplemente lo que hace es aplicar muy bien los elementos de una literatura entretenida y que es muy legible. Yo ahora he disfrutado mucho, por ejemplo, estoy acabando una novela, hablabas tú de tu libro La familia, que a mí me gusta mucho, que dejó hablar a seis personajes consecutivamente y no lo había hecho nunca. Siempre había tenido una estructura basada o en un narrador o en un narrador incorporado a la historia, pero nunca había dejado que se entrometieran todos los personajes para aquí estoy yo y esto soy yo, y así veo yo esto y esto es así. Y quizá me doy cuenta ahora que estoy acabando, que ha sido también una forma de reaccionar a esa especie de torpe interpretación constante de hasta dónde estamos nosotros. Yo, de broma, cuando me preguntan si hay algo autobiográfico en mis novelas, siempre digo lo mismo, que es menos lo que sucede todo.
[00:25:43] Speaker C: Es una buenísima respuesta.
[00:25:45] Speaker B: Sí, sí, es que es así. Yo creo que a veces tendemos a hacer el reduccionismo también, obviamente, cuando etiquetamos, porque yo soy el primero que intenta no etiquetar la literatura, porque, por ejemplo, nunca me gustó la literatura para niños cuando era niño, ni la de adolescentes, cuando era adolescente, siempre sentía que me estaban tratando de cretino al adscribirme a un modelo en el que podía encontrar libros que me encantaran, pero no necesariamente solo esos me encantaban, sino que tenía la suerte de que mis hermanos mayores leían cosas completamente inapropiadas para un niño, pero que caían en mis manos. Y siempre, cuando los padres a veces vas a una charla y te piden recomendaciones, siempre les digo que cojan lo primero que les caiga, porque todo les va a provocar una curiosidad en direcciones.
Y por eso ahora que hay tanta protección también de los lectores en el sentido de les etiquetamos los libros, no vaya a ser que se confundan, no vaya a ser que lean algo que les perturbe o que vengan enfadados porque, oye, esto no era lo que yo creía.
Y precisamente me parece que la literatura debe ser eso, igual que el escritor explora y se lanza un poco a una aventura, si no lo hace el lector, estamos hechos migas, o sea, se rompe completamente, yo creo, el gran regalo que es leer.
[00:27:11] Speaker C: Sí, completamente de acuerdo en eso.
David, ahora que se ha planteado el tema de la presencia del autor en su obra, ¿Tú te planteas o te has planteado alguna vez escribir memorias, o llevas diario, o son cosas que nunca saldrán a la luz?
Es decir, ¿Cómo es tu relación con ese tipo de escritura más íntima, si es que la tienes?
[00:27:35] Speaker B: Sí, sí, sí, sí, sí la tengo, sí, la tengo. Hace mil años que tengo más o menos diario, un cuaderno de notas donde voy anotando cosas que, sobre todo cosas que hago, voy a cenar con no sé qué, he visto no sé cuántos, o he visto tal, o ayer me pasó esto, o ha ocurrido esto, no escribo, por ejemplo, hoy el Papa está en Madrid, pero a lo mejor, o ayer había misa del Papa y por eso no salí de casa, alguna cosa de esas puedes decir, pero vamos, es más una cuestión casi de anotación personal. Y de hecho he hecho dos pequeños cuadernitos en Anagrama, que son, yo diría, memorialísticos, que son uno que se llama Ganarse la vida y otro en mi 69, pero que tienen declaradamente el intento de contar en uno él como mis inicios en la escritura, o sea, cómo llegaste a hacerte escritor, y en otro una cosa todavía más loca, que es cómo fue mi llegada al mundo, en el sentido de qué estaba pasando en el mundo cuando yo llegué y en qué medida eso me ha afectado posteriormente en cuanto a mi manera de estar situado en el mundo. También como un poco de referencia para la gente joven que está hoy en el mundo y que piensa que el mundo que vive no le está afectando. Yo creo que a nosotros, no sé si estás de acuerdo, somos hijos de nuestro tiempo y a nosotros, igual que nos marca mucho que nos abandone un padre, o nos puede marcar muchísimo la muerte de alguien cercano en una edad temprana, creo que también nos marca quién es el presidente, cómo es la organización social en ese momento, qué elementos de lucha, tanto política como laboral pueden estar en ese momento desarrollándose, o cuál es la línea dominante hacia dónde va la sociedad de tu momento. Y a mí siempre lo he pensado, que me marcó muchísimo crecer o ser muy joven en el final de la vida y la sensación de alegría, de abrazo a la libertad, de que nadie quería ser censor.
Esos años que yo tengo siete, ocho años que están ahí en el setenta y siete, setenta y ocho, para mí han sido.
Lo pienso y digo, qué pena que los chicos de hoy estén viviendo, quizá con 7 u 8 años estén creciendo en un mundo en el que parece que la autoridad es la receta. Los hombres fuertes, los gobiernos autoritarios, siempre pienso qué vida más dura les va a tocar crecer en los años en que tienes que vivir con la ilusión, crecer con esa losa encima. Evidentemente los más inteligentes se lo sacudirán y sabrán vivir sin ello. Tú en tu caso, esto que me preguntas a mí, ¿Cuál es tu actitud? Tú tienes tus diarios, tienes tus cuadernos, tienes tus cosas, ¿Planeas escribir algo biográfico?
[00:30:24] Speaker C: Mira, estaba pensando, estos cuadernos tuyos de Anagrama, claro, lo interesante es que parten de un yo para lo que tú has dicho, para desarrollar un contexto que además que la gente se implique más en la lectura, porque al final, por muy interesantes que nosotros nos creamos, y algunos fans locos que tengamos, la verdad es que la gente no quiere leer sobre tu vida concreta, quiere que que plantea un relato de tu vida que se expanda hacia las suyas también.
Y esto es lo interesante. Y el tema del contexto histórico, social, político, yo también creo que está presente y también en nuestra escritura, lo queramos o no, esas formas de escritura me parecen muy interesantes los diarios estos que tú llevas, que no sé si los haces con continuidad o llevan mucho tiempo de ir anotando lo que haces, es casi algo más personal, que a lo mejor pueden tener interés en el futuro para alguien que no sé, que quiera así. Yo creo que pueden tener Internet en el futuro, digo, los tuyos.
Yo no escribo, yo no tengo continuidad, alguna vez he intentado escribir diarios de distinto tipo, desde un punto de vista más registro, como esto que me has dicho tú, o desde un punto de vista más íntimo, pero siempre los abandono, no tengo continuidad ninguna, o sea, tengo.
No sé, y las notas igual, escribo mucho a lo largo. Bueno, mucho, escribo a lo largo del día, un montón de cosas que no valen para nada y que yo misma pierdo, así que no sé, a mí
[00:31:58] Speaker B: me gustaba mucho, me acuerdo cuando era joven, me gustaba mucho leer diarios de escritores, diarios de artistas, sobre todo de personas que considerabas modelos, y recuerdo que habían leído en fragmentos muchas cosas que escribía julio Ramón Ribeiro, que era un escritor peruano que gustaba mucho, y un día coincidí, vamos, no un día, sino que coincidí estudiando en Estados Unidos con su hijo, y se sorprendió porque de pronto un día le digo oye, perdona, ¿Tú no serás familia? ¿Sí, sí, soy el hijo hombre, pero conoces a mi padre? Sí, sí, digo, aparte es como si conociera a la familia, porque he leído los. Eran diarios muy confesionales, muy.
Además con un cierto sarcasmo, por ejemplo, hace poco se publicaron los de Chirves, de Rafael Chirves, en nuestra editorial, y me sorprendió porque en el fondo había como un deseo de Chirves de participar, como si tuviera casi una columna en el periódico, eran diarios muy de.
A ver, no quiero rebajarles el valor, pero eran muy como esto está pasando hoy, esto es lo que opino yo, o he leído esto, he visto esto en el cine, o en la tele, estábamos discutiendo esto, esta es mi opinión. Entonces yo eso, quizá por el hecho también de escribir en el periódico, lo tengo como liberado dentro de mí, de pronto escribes un artículo semanal en el periódico, bueno, pues ahí das rienda suelta a si tienes ganas de decir algo sobre lo que está pasando.
¿En cambio en lo mío no, lo mío yo creo que no tiene ningún valor más que para mí como memorialística, es decir, que yo sí entro en dudas de oye, pero en qué año me pasó esto? ¿Y qué día? Y yo cuando decidí que iba, por ejemplo, sobre el hecho de escribir, suelo escribir, es decir, me ayuda también un poco a ir diseñando qué tengo en la cabeza, tengo el proyecto de escribir no sé qué, entonces te das cuenta que a lo mejor aparece ocho o nueve años antes de que acabes el libro ya estás diciendo que vas a escribir una cosa con esto, con esto, con tal, y al principio incluso le das un título, unos personajes que luego evolucionan y se transforman en otros, o sea que también es un poco a veces, y creo que muchos escritores lo han usado así, como un cuaderno de apuntes de por dónde va a ir luego su trabajo.
[00:34:19] Speaker C: ¿Sí, esto es algo que sí que hago yo desde Cata de Pan, tengo un diario de escritura de cada uno de mis libros, tengo de Cara de Pan de Un amor, no? Porque Un amor, aunque se publicó después que Cara de Pan era anterior a Cara de Pan, con lo cual la costumbre la instauré después. Tengo un diario de Cara de Pan de la familia de oposición y de lo que estoy escribiendo ahora también.
Ese documento, que es un documento de trabajo, sí que creo que podría ser interesante en el futuro si alguien quiere estudiar, no como escribía yo también, sino como cómo va naciendo un texto a nivel. A mí me parece muy interesante, la verdad, no porque sean mis libros, pero bueno, son claros. Me gustaría leer los diarios de escritura de cualquier escritor que me entrar en la maquinaria. Claro, ahora, de hecho estuve leyendo hace poco los diarios de Bergman, que los publicó Nórdica, y que en los diarios va contando cómo se van desarrollando las historias, entonces tú ves una película de él y luego te vas al diario y ves que dos o tres años antes ya estaba esa esa historia, pero de una manera muy embrionaria, ha hecho un montón de cambios, entonces, no sé, a mí eso sí me parece apasionante, realmente.
Es verdad que son diarios muy específicos para gente que no puede empezar a leer por ahí tú nombrabas Chirve, que sonaron los diarios muchísimos y fueron destacados, me acuerdo, en El País como libro del año y tal, y yo le decía a gente que no había leído a Chirve, pero no empecéis por los diarios, quiero decir, a Chivé hay que leer, creo, vamos, personalmente creo que hay que leer sus novelas.
Luego cuando lees en los diarios completas al personaje, complementas.
[00:35:55] Speaker B: Claro.
[00:35:56] Speaker C: Y es verdad, esto de Chiro. Es curioso porque yo veía en él dos tipos de diarios. Los primeros tomos, las primeras entradas son mucho más personales y más sufrientes y más vivas. Pero luego yo creo, esto es una intuición, no lo puedo aseverar, pero creo que luego él toma conciencia de que quizá esos diarios, bueno, quizá no, él sabía que se iban a leer, puesto que los corregía y dejó instrucciones. Entonces ya empieza a cambiar y expresar opiniones de manera más estructurada, lectura, etc. Entonces el personaje va cambiando y a mí me resultan mucho más interesantes los primeros porque veo al ser humano sufriente. Yo soy así de morbosa. No, no, porque como escritor me interesa ver como ese sufrimiento luego pasa a sus textos y sus preocupaciones más sinceras. Lo otro es interesante, pero más lo que tú dices sería como leer los artículos periodísticos de alguien que siempre está bien, pero que no te da una dimensión tan personal de quién lo hace.
[00:36:56] Speaker B: Yo creo que muchos escritores finalmente necesitan esa especie de escritura confesional, privada, aunque sea en los de Berman, que a mí me gustan, aunque no son diarios escritos para ser leídos, porque eran más bien instrumentos también de él de apoyatura, un poco de trabajo y también de desahogo, porque están llenos de. Aparte se nota que están escritos deprisa, cosa que les hace muy valiosos porque están escritos sin reflexión, sin esa depuración que tienen a veces los diarios de escritores. Bergman escribe un poco desde la rabia, desde la frustración, desde el bloqueo, siempre está pensando que eso es muy gracioso, que es un desastre lo que está haciendo, esto es tal, que los críticos son unos imbéciles, que nadie le entiende, que el mundo es tal. Y eso es muy bonito, porque sí que entras en la cabeza de alguien que obviamente era un volcán.
Y cuando lees unos diarios más formales te das cuenta hasta qué punto los escritores se se piensan como escritores y hacen una elaboración, pero al final yo creo que son casi necesarios un poco para todos, porque es pensar en voz alta y estás muchas horas a lo mejor trabajando y necesitas también salirte, mirarlo un poco desde fuera, poner una perspectiva, dejar entrar ese rayo tuyo y que quizá por eso también no acabamos en una literatura más confesional que acaban otros escritores, porque vamos haciendo esa especie de doble vida con esos cuadernos.
Pero sí, la sensación de que los leerán es a veces muy contradictoria porque yo he leído cosas incluso de amigos que han fallecido, que dices, ostras, pero ya escribía esto pensando que se leería, o ha sido todo un accidente, o lo habría reescrito si no hubiera desaparecido.
Y otros lo publican en vida, es decir, que simplemente hacen la reelaboración.
Y es interesante, Yo creo que al final hay una enorme curiosidad, porque se cuece dentro de la cabeza de alguien creativo.
Y bueno, incluso lo que menos interesa para la gente es alguien que escribe sobre lo que hace y lo defiende, como esos.
Esos libros que son mi autodefensa, que es esto es lo que hice, y lo hice por esto y por esto, y por esto, y pienso esto y tal, y no sé qué. Es como un juicio donde ejerces de abogado defensor de ti mismo. Me parece más interesante a veces cuando el juicio se hace no atacándote, pero poniéndote en cuestión, soy un inútil, aquí estoy un día más.
Los míos se parecen más a eso.
[00:39:41] Speaker C: Por lo menos Chirve estaba todo el tiempo ahí, no me pongo a escribir, no me siento.
Luego estos materiales tan personales, no sé si a ti te ha pasado al leerlo alguna vez, te cambian la imagen que tenías del escritor o de la escritora. También pasa con las cartas, que siempre me generan muchas dudas, saber si las cartas personales deberían publicarse o no, pero claro, te dan una dimensión humana que en un caso te puede generar simpatía, porque ve a un ser vulnerable, con duda, aunque sea una voz poderosísima, pero también a veces te puede caer mal. A mí me ha pasado, por ejemplo, recientemente con Mario Lebrero, que es un escritor uruguayo que siempre me ha gustado mucho, y de hecho él ha manejado, por ejemplo, en La novela luminosa o en El discurso vacío, son novelas suyas las que tiene un componente autobiográfico, y a mí me encantaban, yo las leía, yo pensaba que el hebreo era así, era ese ser tierno, torpe, muy desastre, un poco guarrete en su aseo personal, pero todo eso me producía ternura. Pero luego se publicaron las cartas a la princesa, que son las cartas que le escribía a una de sus mujeres, una de las mujeres que tuvo, y la llamaba princesa.
Y ahí te das cuenta de que los libros que yo pensaba autobiográfico, en realidad tenían este elemento tan interesante que mencionábamos antes de trabajo ficcional, no eran diarios tal cual estaban trabajados literariamente. Las cartas no, las cartas es el verdadero librero siendo un asco de personas. Yo pensé con ese libro, digo, este libro no se tendría que haber publicado, porque de pronto me cae mal. Entonces esto es una cosa que me genera muchísimas contradicciones internas, es decir, nos tiene que caer bien un escritor y podemos evitar que no nos caiga bien, porque a veces, no sé, yo lucho contra eso porque yo no necesito caerle bien a la gente, pero por otro lado, si a mí me pasa que soy escritora, cómo no le va a pasar a otra gente que no sé, no sé, no sé si te ha pasado esto leyendo esos materiales íntimos, esos diarios, esas cosas.
[00:41:58] Speaker B: He leído la novela del hebrero, he leído la novela, lo miro, o sea que me encanta. Pero yo, por ejemplo, uno de mis escritores favoritos, si no a lo mejor, probablemente el escritor del siglo XX que a mí más me gusta español, que es Josep Pla, o español o catalán en este caso, Josep Pla es un ejemplo perfecto de esto. Josep Pla no es un hombre diseñado para caerte bien, es un hombre que asimismo se retrata con todos los elementos, digamos, de ideológicos, morales, personales, que te pueden llevar a cuestionar muchas de sus opiniones. Pero eso sí, tiene una capacidad evocativa narrativa, un diseño mental, tiene una fuerza también de exposición que hacen que, por ejemplo, El cuaderno gris sea un libraco inigualable.
Y hay momentos donde Dios mío, este hombre está bordeando, no sabemos dónde se ha parado, porque obviamente hay también un autocontrol, incluso por los tiempos, también enredita en pleno franquismo, una cierta moderación en hasta dónde puedo llegar.
Me hubiera encantado haber podido leerle como desencadenado, cómo se desencadena uno en la libertad plena. Quizá ese miedo a la autoridad o el miedo al que irán hace que se contengan, pero son interesantes en general. Yo es que creo que esa especie de sensación de que las personas públicas tienen que ser ejemplares, a mí es algo que me perturba muchísimo, me parece un error también de la vida contemporánea. Creo que las personas son complejas, las personas son difíciles, las personas tienen contradicciones y en la medida en que somos novelistas nos debe gustar que sean así, porque si no acabaríamos en las vidas de santos.
Y yo por lo general, cuando me encontraba gente interesante, siempre me ha dado la sensación de que son más complicados de lo que incluso aparentan y no te digo ya cuando están en el circo de la fama y del qué dirán, y de la valoración y los premios, y donde la gente ya empieza a comportarse de maneras surrealistas.
[00:44:17] Speaker C: Además que esto que ha pasado siempre, ahora está mucho más presente.
Es decir, cada paso que das público puede ser realmente inspeccionado, cuestionado, juzgado, y es complicado.
Me llama la atención que hayamos terminado hablando también un poco de esa exposición, que pueden suponer los materiales más privados, los diarios, las cartas, que estemos hablando de eso tú y yo, que no parece que tengamos intención de publicar nada de esto, y que no estamos tampoco especialmente interesados en escribir sobre esto. Pero quizá eso nos lleve.
[00:44:53] Speaker B: Estáis latente.
[00:44:54] Speaker C: Sí, bueno, quizá eso nos lleve a hablar de eso, del tema de la exposición pública, de la que yo me protejo bastante, pero no por razones, o no solamente por razones de miedo a la inspección y al escrutinio continuo, sino también por razones más personales, de carácter y tal. Pero en tu caso, que como ya hemos dicho antes, también te dedicas al cine, que es un mundo mucho más.
No sé, no me sale la palabra.
[00:45:29] Speaker B: Más expuesto.
[00:45:30] Speaker C: Sí, es más expuesto, desde luego. Mucho más.
La presencia real de las personas que hay detrás de una película se demanda más. Un escritor en un momento dado puede intentar desaparecer. Sí, sobre todo porque no sé cómo tú gestionas esto, cómo lo vives, y si estás notando ya que llevas mucho tiempo, mucho más que yo, no porque seas mucho mayor que yo, sino porque empezaste muy joven, tengo que decir, pero si estás notando cambios, es decir, si estás notando que esa presión ahora es mayor o te pesa
[00:46:06] Speaker B: la presión de la lectura personalista, de lo que se dice y de la actitud que se tiene, el juicio también, en un mundo muy polarizado, evidentemente, la necesidad de todo el mundo de encuadrarte, de etiquetarte en el mundo del cine, la exposición es grande porque hay una inversión grande, entonces te obliga de alguna manera a tratar de recuperar el dinero que se ha invertido para poder hacer otra cosa.
Entonces por eso corres más riesgos de exposición que en una novela, que a lo mejor puedes preservarte un poco más, aunque también hay novelistas muy expuestos y va un poco en función a veces de eso. Pero tenemos la suerte de que al contar con los actores y de vivir en un mundo muy frívolo y muy superficial, la presencia del actor o de las actrices es más.
Más reclamada en muchos medios porque tienen primero una imagen atractiva, luego también les divierte más. Y ya en general, ahora mismo yo me encuentro que las entrevistas con los actores son más abundantes que las entrevistas con los directores. Entonces nosotros por un lado te alegras porque es un grado menor de exposición y por otro te preocupas porque Dios mío, ¿Hacia dónde va el mundo?
Que en realidad las entrevistas consisten en casi una pose o en unas gracietas. Entonces, bueno, tratas de sobrevivir. Yo la verdad que intento no pensar demasiado en ello y tomármelo como una parte del oficio, poco como ahora mismo lo que estamos haciendo.
Estamos aquí en un podcast porque nos han pedido que estemos. Probablemente estaríamos más tranquilos tú y yo delante de una copa y charlando de nuestras cosas y tal y no sé qué, y simplemente lo hacemos porque creemos que puede ser interesante. Puede ser interesante para alguien, nos lo han pedido y yo creo que esa exposición, claro, tú sé que la llevas con esa carga también de timidez, pero al mismo tiempo también yo creo que al final eres alguien conocido, alguien que está en el mundo literario, la verbena está literaria y que por lo tanto, de alguna manera, por más que te quieras esconder, estás ahí delante y te sientes presente.
[00:48:24] Speaker C: Claro, totalmente. Pero bueno, este podcast es realmente algo bastante llevadero al lado de las cosas que hemos tenido que hacer.
Yo también, que también ha habido veces que me he metido en unos fregados que he madre mía, ¿Por qué estoy aquí con este micrófono delante hablando de algo que de pronto te preguntan inesperadamente ¿Y ahora qué digo? ¿Y cómo salgo de aquí?
Bueno, no sé, supongo que también hay que rebajar la importancia de todo esto y reivindicar la metedura de patas.
[00:48:58] Speaker B: Sí, eso por supuesto. Y también la curiosidad. La gente tiene curiosidad por ver quién está detrás de las cosas y también por encontrar personalidades dentro del mundo que le puedan servir de estímulo, en algunos casos de admirarlos para imitarlos o para seguir sus pasos o simplemente para disfrutar de lo que hacemos. Yo siempre he sentido que, bueno, que no está mal, es decir, que si aceptamos ir a un sitio no lo hagamos a contrapelo. Es decir, si no quieres, no vayas, pero si vas siempre hay alguien curioso que a lo mejor se acerca a un libro tuyo porque te ha oído decir determinada cosa en cierto momento y bueno, mira, pues es un lector que llega por caminos a lo mejor accidentales, pero que está por ahí. Está por ahí pululando.
[00:49:48] Speaker C: Sí, totalmente de acuerdo.
[00:49:50] Speaker B: Todo tiene su interés visto desde el optimismo.
Bueno, pues ¿Qué te parece si nos despedimos?
[00:49:59] Speaker C: ¿Cuánto tiempo llevamos?
Tengo el reloj, pero no veo nada.
[00:50:02] Speaker B: Bien, Pues hemos hecho 50 minutos.
[00:50:05] Speaker C: 50 minutos, qué barbaridad.
[00:50:07] Speaker B: Una barbaridad.
[00:50:08] Speaker C: Además. 50 minutos llenos de cosas interesantísimas.
[00:50:12] Speaker B: Bueno, ha sido apasionante.
Siempre es un gusto hablar contigo.
[00:50:18] Speaker C: Igualmente, David, cuídate mucho.
[00:50:21] Speaker B: Un abrazo a todos.
[00:50:22] Speaker C: Para ti la fresquito, que imagino que hará calor allí también sí lo sobrellevamos.
[00:50:28] Speaker B: Un abrazo a todos los que nos escuchan y hasta pronto.
[00:50:31] Speaker C: Adiós.
[00:50:40] Speaker A: Gracias por escucharnos. Tema Libre es un programa producido por Editorial Anagrama. Esperamos que hayas disfrutado y hasta la próxima.